satélites IV

enero 26, 2008 at 12:09 am Deja un comentario

Por Dita-F

I
Nadie dijo que tenías que salir corriendo como si te hubieran expulsado. ¿Por qué lo hiciste, entonces? ¿Creíste que tu vida corría peligro? No, no es cierto. Nadie te amenazaba, ¿o sí? ¿Por qué no te diste vuelta al menos una sola vez para mirarme a los ojos y entender, por fin, que nunca pero nunca, te vas a poder alejar de mí? Hubieras ahorrado mucho tiempo y esfuerzo y palabras y sonrisas. Derroche de todo lo que ahora lamentás no tener.

II
Es insoportable esa tendencia al lamento continuo. Primero no me molestó porque pensé que estaba pasando un mal momento y de eso todos tenemos; momentos de maldecir el mundo y todo lo que se mueve y respira. Yo también tengo mis días, pensé. Luego descubrí que las lamentaciones en él tenían algo de mal incurable; podía convertir el hecho más feliz en un motivo de queja y lamento: el pan apenas húmedo, las plantas sin regar, una camisa manchada. Los culpables de su mala suerte, la gente idiota, poco eficiente, indolente, descuidada; gritaba confabulaciones y planes de los otros para complicarle la existencia. Su presencia me era tan destructiva como la alegría inmotivada. Sin darme cuenta dejé de llamarlo, de frecuentarlo. Y cada vez que lo recordaba me lo imaginaba como una manta raya nadando plano a veinte centímetros del fondo del mar. Y yo… yo más bien soy anfibio; o pescador.

III
P. encontró un papel escrito sobre la mesa del teléfono, una hoja del diario de L. que decía esto:

15/01/06 Miró por la ventana. Cuántas veces alguien habrá escrito esa frase para indicar el comienzo de una acción, movimientos nuevos. Pero yo ahora miro por la ventana: árboles, tres loros que vuelan de rama en rama, atrás de los árboles más edificios con paredes de ladrillos naranja, un pedazo de cielo celeste; se escuchan bocinas, los gritos de un loro, risas; nada nuevo, ningún cambio, la misma escena de todas las mañanas a las 8.
Eso que vio, eso que vio, eso que vio, lo que vemos nos acompaña hasta el final. No, lo que vemos no, lo que pensamos de lo que vemos. Una imagen no vale nada sin el pensamiento-recuerdo que se encadena y nos encadena a esa piedra que se aloja en alguna parte de nosotros y que año tras año pesa tanto, tanto más para quienes no pueden olvidar fácilmente sus errores y los errores ya se sabe, pero los aciertos peor: los aciertos, las pequeñas felicidades cotidianas también funcionan como una trampa: todo el resto de los momentos, comparado con nuestros logros, es miseria acumulada. De una vez hay que aceptar la carga, o desplomarse, u olvidarse de todo lo que alguna vez alcanzamos o quisimos alcanzar. Yo vi que quería tantas cosas; tantas cosas distintas y al mismo tiempo. Se puede tener un recuerdo de lo que nunca existió. Qué se hace con todo eso.

Ruido de llaves, de puerta que se abre. P. dejó la hoja en su lugar, cruzó el living, se sentó en el sofá. L. entró.

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futuro I la santa

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