crónica sin sueño – caleta olivia

agosto 26, 2009 at 12:52 pm 2 comentarios

Por Dita-F

Estoy en Caleta Olivia. Llegué el lunes a la noche a Comodoro. Crucé el piquete de los obreros de las petroleras sin inconvenientes y a eso de las 23 ya estaba en el hotel. El viaje entre Comodoro y Caleta es lindo para hacerse de día, porque la ruta bordea las mesetas que terminan en el océano. De noche es una ruta como cualquiera. Resuenan las palabras de todas las conversaciones con los compañeros de viaje. Viaje de trabajo. El último de esta serie. Porque cambio de equipo. Pidieron mi pase y acepté. Pensé que me iba a costar más desprenderme, pensé que cerrar este viaje iba a tener un gusto melancólico de despedida. Pero no. Lo que siento es liberación.

Hay algo hostil en Caleta: no es el frío, que no hace tanto; no es el viento, porque estos días no hubo mucho… es otra cosa que no logro identificar. Ahora que lo pienso, la gente sonríe poco. No sé qué quiere decir que no sonrían… en Buenos Aires, hay muchos profesionales de la sonrisa justa, incluso a veces exagerada. No sé. La gente habla poco con los “extranjeros”. Ayer creí que se rompía la regla cuando algunos salimos a fumar después de cenar. Charlábamos animadamente sobre cosas de gente de más de 35 con una chica de 25. Pelotudeces, del tiempo y de cómo cambia todo cuando nada parece moverse.  De ilusiones perdidas, cuya pérdida es motivo de alegría… En eso se acerca el mozo, de edad indefinida, era de esa clase de personas que muy probablemente a los 40 conquistó esa apariencia y logró conservarla; una apariencia que a los 40 tal vez lo envejeciera, pero que ahora desorientaba: podía tener 55, 60 ó 70 años. Bueno, el mozo se acerca y dice “a mí me pasa lo mismo”. Lo integramos a la charla de fumadores excluidos. Yo pensé que, bueno, por fin alguien nos habla. Pero el tipo era de Flores, porteño. Mozo porteño llegado hace poco, escapado de la “locura” –eso dijo- “la locura de vivir en Buenos Aires”. Un tema de conversación que se repite en cada una de las provincias en las que estuve.

Tal vez gracias a los diarios, a las noticias. Hace una hora que estoy en el bar del hotel, con un canal de cable de noticias que no para de tirar bombas con tono trágico, de fin del mundo en Buenos Aires. En Formosa, un taxista me contó que una vez tuvo que ir a Buenos Aires para unos estudios médicos; decía que caía la noche y no se animaba a salir del departamento y que de día caminaba sólo por las avenidas, que sentía terror de meterse por calles más chicas; me dijo “Formosa es suave”.

No digo que sea fácil vivir en Buenos Aires. A veces creo que para sobrevivir hay que bancársela, endurecerse. Buenos Aires es una ciudad de extremos. Pero si te caés, siempre va a haber alguien que te levante.

El mozo de Flores no tenía miedo de Buenos Aires. Reconocía que en Caleta es muy cara la vida, que los alquileres son inalcanzables, que es difícil conseguir casa, pero acá las cosas son previsibles. Que nadie se mete con nadie por la calle, que no viaja 2 horas para llegar a su trabajo.

Ayer tuvimos que ir a buscar a un profesor que llegaba desde Comodoro. El piquete, de día, no lo dejaba pasar. En el camino, la docente de Caleta que me llevaba me contaba que tienen problemas con los bolivianos que llegan para trabajar en los pozos. Problemas para entenderse. Que su hermana es maestra de grado y que el 70% de los chicos son bolivianos.  No detecté resentimiento, al contrario: me contaba que su hermana al principio tuvo problemas para entenderse con los nenes. Hablaban el mismo idioma pero no la entendían y se frustraba. Hasta ella comprendió que no tenían que entenderla, que era ella la que tenía que escucharlos. Ahí las cosas cambiaron, ellos la cambiaron. Pero no todos piensan así o lo viven de la misma manera. Otra docente dice con sorna: fui al supermercado y creí que estaba en otro país. Lo cierto es que la mano de obra boliviana es vivida como competencia desleal, porque es barata, porque aceptan condiciones laborales que otros santacruceños no aceptarían.

Así las cosas, llegué al piquete. Hice un tramo a pie al costado de los camiones, crucé los grupos de obreros tomando mate. Encontré al profesor y volvimos a Caleta.

Hoy a la noche vuelo a casa. Esto se termina. Se termina. Mañana o pasado subo fotos de este último viaje.

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noticias de ayer tant pis pour moi

2 comentarios Add your own

  • 1. dario  |  octubre 8, 2009 en 3:29 am

    la verdad es que tu vision de las cosas en caleta me paren cierta o pienso lo mismo, y soy un petrolero de caleta trabajando en gallegos por unos mangos mas y cada vez que vengo me esta pareciendo una ciudad mas peligrosa tengo 30 años y soy padre d 2 chicos de 5 y 3, y una mas en camino.

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  • 2. tanta agua  |  octubre 13, 2009 en 3:53 pm

    gracias, Darío, por leer.

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